jueves 18 de junio de 2009

Parecidos

El sol está pegando con fuerza.
En cuestión de unos días ha conseguido sacarme unas mil pecas.
Me veo un poco rollo Rita Pavone.


Son éso, las pecas, porque por lo demás no nos parecemos nada.






Bueno, sí que nos parecemos en algo, ahora que lo pienso...nos parecemos en eso del cuore que está soffrendo y en el tormenti y la lacrima y éso...


viernes 12 de junio de 2009

El Faravahar

Ya conté que mi amiga viajera Eugenia siempre envía postales. La última suya que llegó a mi buzón, hace poco menos de un mes, fue ésta:



Se trata de un símbolo religioso, el Faravahar.

En estos tiempos que vivimos en los que parece muchas veces que se impone lo mediocre, una parte de este símbolo, la mano hacia arriba de la figura que aparece en el centro, nos indica la lucha que debemos llevar a cabo para mejorar cada día.
La otra mano, frente a pequeñas traiciones y grandes mentiras, sujeta un anillo que simboliza la lealtad y la fidelidad.

Cuando a cada momento nos encontremos con alguién a quién le importe bien poco lo correcto o lo que no lo sea, podríamos intentar agarrarnos a las dos cuerdas que salen del círculo que rodea el cuerpo y que nos muestran los espíritus del bien y del mal.
Y al cargar con las malas acciones que otros descargan, sujetarnos a las alas. Esas alas que representan en su primera hilera de plumas los buenos pensamientos, en la segunda, las buenas palabras y en la tercera hilera, las buenas obras.

Deberíamos de continuo tener presente la figura humana del símbolo. Representa el alma, tan extravíada en muchos, y la sabiduría, también perdida y poco buscada casi siempre.

Y cuando no podamos evitar aquéllo tan cierto de “polvo eres y en polvo te convertirás”, tomar con fuerza el círculo central, porque en él está simbolizado el espíritu y su caracter inmortal.


El Faravahar es el símbolo de una antiquísima religión considerada como la primera religión monoteísta del mundo, el Zoroastrismo.
Y no es que yo que no creo en nada vaya ahora a hacerme seguidora de Zaratrusta. No, no es eso. Es simplemente que me gusta leer datos, curiosidades, hechos, historias que son, sin serlo, pura poesía.

martes 19 de mayo de 2009

Sólo mientras tanto

Vuelves, día de siempre,
rompiendo el aire justamente donde
el aire había crecido como muros.

Pero nos iluminas brutalmente
y en la sencilla náusea de tu claridad
sabemos cuándo se nos caerán los ojos,
el corazón, la piel de los recuerdos.

Claro, mientras tanto
hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,
hay la ternura como un viento húmedo.
Sólo mientras tanto.

"Sólo mientras tanto"
MARIO BENEDETTI

martes 12 de mayo de 2009

Antonio Vega

Demasiadas drogas, demasiado tiempo.

Demasiada pena al morir su compañera.

Demasiado cáncer.

Y demasiada tristeza.


Mi canción favorita de Antonio Vega
“Una décima de segundo”
NACHA POP

jueves 7 de mayo de 2009

Extrañas mezclas

Extrañas y maravillosas mezclas.

Como la del canalla macarra y divertidísimo Bender...



...y el genial Louis Armstrong.



Para los que les gustan los dibujos y les gusta bailar

viernes 1 de mayo de 2009

Primero de Mayo

Hoy, Día del Trabajo, hay más de cuatro millones de parados en España.
La tasa de paro, más del 17%, es la más alta de Europa, más del doble que la media.
Tres de cada cuatro españoles consideran el paro como el mayor problema del país en la actualidad.

Se leen y se escuchan cosas como éstas.
Y, acompañándolas, otras que van en contra de muchos sectores de la población, entre otros el de los inmigrantes y el de las mujeres.


En cuanto al trabajo de las mujeres afortunadamente hay pocos que lo cuestionen, pero esos pocos son, pienso, muy preocupantes por dos motivos. El primero es porque hablan en términos de “trabajo-hijos”. El segundo es por el origen de las críticas.

Que un empresario piense que una mujer debe quedarse en su casa cuidando a sus hijos por no darle una mañana libre para ir al pediatra, o que alguién del Opus crea que la obligación de toda mujer, por encima de trabajar, sea tener hijos, o que algún retrógrado diga que una mujer que trabaja está quitándole el puesto a un hombre, me parece normal. Aberrante, pero nomal.
Lo que no me parece normal es que esto se defienda desde las propias mujeres o desde otros grupos de personas, de partida, con otros pensamientos.

Hace poco, en un blog en el que su autora en otros temas se mostraba de mentalidad abierta y moderna, leí cosas como que ella había dejado durante varios años de trabajar para críar a sus hijas y que el acto más natural era tener hijos y criarlos. Decía incluso, creo recordar, que eso era un deber que las mujeres teníamos con la especie. Escribía por ejemplo que ya le gustaría ver a ella a todas esas “progresistas” haciendo de educadora, psicóloga, contadora de cuentos...como si una mujer que trabaja, además de trabajar, no hiciera con sus hijos de educadora, psicóloga, contadora de cuentos.
Todo ésto era expresado con especial inquina. Llegué a leerle en otro blog, hablando precisamente del “Día de la Mujer Trabajadora”, que la que quisiera ser hombre, mejor que se operara.

Ante estos pensamientos solo cabe recordar el derecho y el deber que todos tenemos ante el trabajo. Hombres y mujeres.
Y que la vida personal y familiar debe ser obligación y disfrute para todos, hombres y mujeres. Tan injusto me parece que una mujer deba dejar de trabajar para críar a sus hijos, como que un hombre no pueda pasar una tarde en el parque con los suyos porque tiene que trabajar diez horas al día.
Habremos avanzado algo cuando no se piense que una mujer va a ser peor madre por trabajar ni se piense que va a trabajar menos por ser madre.
Si se tienen estas ideas la justificación para en tiempos de crisis despedir a mujeres, considerar que su trabajo será más merecido y defendido por un hombre, está servida.

El trabajo debe ser optimizado y flexible y remunerado justamente. De este modo será más fácil compaginar la vida personal y la laboral. Y esto debe hacerse intentando convencer a quién no ve así las cosas y, por supuesto, a golpe de ley.
No por trabajar más horas se trabaja más ni mejor. No por tener un horario estricto se produce más. No por tener a los trabajadores en peores condiciones éstos rinden más. Al revés. No es así y no debe ser así. Ni para hombres ni para mujeres.


En el caso de los inmigrantes, y hablando de crisis y de trabajo y de ideas que desandan el camino andado, todo es mucho más grave.

Para empezar se mete a todos en el mismo saco, cuando en principio, y atendiendo a los tópicos, nada tiene que ver un moldavo con un ecuatoriano, por ejemplo.
Desde el punto de vista laboral la situación vivida por las personas que vienen de un país o de otro son muy diferentes. Eso hace que normalmente, además de distintos caracteres (volvemos al tópico), tengan distintas habilidades, distinto nivel de estudios, diferentes hábitos de trabajo.
El problema en tiempos de crisis es que todo lo que no sea propio de uno se ve como peligroso. De ese modo esos diferentes modos de trabajo se rechazan.
A los que trabajan mucho se les dice que acostumbran mal al jefe, a los que trabajan poco que son unos vagos, al que es un buen técnico se le mira mal porque puede saber más que uno mismo y quitarle el puesto, al que no está preparado se le dice que no sabe hacer nada.

El siguiente paso que agrava más todavía la situación es que esas críticas laborales se hacen extensivas a cualquier otra cosa. De este modo al que ahorra y manda dinero a su país se le critica por no gastar el dinero aquí, pero del que se compra un coche o un móvil último modelo se dice que no hace más que despilfarrar. A los chinos, que nunca salen de su tienda o de su restaurante se les acusa de ser muy cerrados y de que no quieren relacionarse con nadie, y a los sudamericanos de que están todo el día por la calle y de que no entran en casa...

Otro problema gravísimo, y que afecta mucho al trabajo, es confundir inmigración con delincuencia.
El que las mafias rusas sean una realidad no quiere decir que todos los rusos que hay en España sean unos asesinos. Es más, la inmensa mayoría serán personas tan honradas como cualquiera. El que existan narcotraficantes en Colombia no da derecho a pensar que todos los colombianos se dedican a pasar coca.
Y así con muchos ejemplos. Es algo obvio que no lo parece para muchos.

Estos y otros pensamientos me parecen extremadamente peligrosos. Lo peor es que hay mucha gente que se cree con tanta razón que expone ideas así sin ningún tipo de vergüenza. Y contribuyendo, con todo el egoísmo y toda la cerrazón mental, a que se cree un clima de rechazo al inmigrante.
Ésto, en tiempos de crisis, hablando del trabajo cuando éste escasea, lleva a algo muy simple. Lleva a pensar como algo normal que un inmigrante tiene menos derecho al trabajo que un español.

Ésto es lo más grave. Y ésto lo piensa mucha gente. Y no es bueno. Porque se supone que un trabajo, ofertado en igualdad de condiciones, debe ser, simple y llanamente para aquél que mejor pueda realizarlo. Así de elemental.



Y junto a esta idea básica vuelvo a lo que ya he escrito antes, a que el trabajo debe entenderse como un deber y un derecho de todos.
Y es normal pensar que no es tan sencillo, que hay muchas circunstancias en el que trabaja y en el que contrata, que hay miles de cuestiones sociales, políticas, económicas en juego, que no es tan fácil y que la situación actual hace que todo sea más difícil.
Lo sé. Pero precisamente por eso hay que insistir. Porque los tiempos de crisis sacan de los peores, lo peor.
Y frente a eso hay que recordar que en muchos aspectos, pero en concreto en el laboral, hay una idea de lo más simple, pero no por eso menos válida. La idea de que cualquiera, según su inteligencia, su capacidad, sus aptitudes, tiene el deber y debe tener la oportunidad de trabajar.
Frente al egoísmo y el camino fácil de ir “en contra de”, debemos no olvidar el deber y el derecho que todos, absolutamente todos tenemos a buscarnos y ganarnos, honradamente, la vida.

viernes 24 de abril de 2009

Un rasgueo

A veces pasa.
Extrañamente, en alguna cadena de radio, entre una canción mala y otra peor, oyes algo diferente.
De pronto suena un rasgueo potente que no habías escuchado nunca antes. Son sólo unas notas, pero tienen la determinación suficiente para llamar tu atención. La guitarra eléctrica se impone.
Cuando se une la batería algo te dice que vas a escuchar un buen tema.

Y cuando termina sabes que acabas de conocer un grupo a seguir, que acabas de oírlos por primera vez pero que buscarás otras canciones y otros rasgueos suyos y que, de seguro, no te sentirás defraudado.

Y esa idea, si de verdad te gusta la música, te llena de emoción.

La primera canción que yo escuché de Interpol fue "C´mere".

miércoles 15 de abril de 2009

Cuando salí de Cuba

Ojalá las medidas tomadas por Obama sean el principio de algo.

Algo que consiga cambiar las mentiras y las verdades de los carteles.



Y ojalá no hubiese comandantes.
Sólo uno, sonando en una música...



Las fotos están tomadas en Cuba en el verano de 2008.
La canción "Hasta siempre comandante" está incluida en el disco "Mi son sabroso" del grupo "Camino Real" de La Habana.

martes 7 de abril de 2009

En el 2º puerta 3

Cuando el frío del invierno o la lluvia no nos dejaban estar fuera dándole patadas a un balón, patinando, o jugando a lo que fuese, poníamos en marcha el plan B. Y lo pasábamos igual de bien que en la calle o, incluso, mejor.
Era fácil. Se trataba de juntarnos toda la chiquillería del vecindario en uno de los pisos del bloque. La elección de en cuál era un asunto importantísimo, ya que según la casa las actividades variaban.
Por ejemplo en casa de María y Elena dibujábamos, cantábamos o hacíamos recortables. Todo debía ser en plan muy ordenado y civilizado, pero el caso es que, aún sin hacer el bestia, lo pasábamos muy bien.
En mi casa montábamos el tren eléctrico. Lo de que el tren diera vueltas y vueltas carecía de total interés para nosotros, claro, la diversión estaba en apartar la mesa del comedor y amontonar las sillas y extender todo por el suelo y decidir qué vía iba antes de qué otra, cómo montar el cambio de agujas, qué forma darle al recorrido...hubo agrias dispuestas técnicas al respecto, no exentas de violencia en algunos casos.

Pero de todos los pisos posibles que invadir cual okupas infantiles, uno de los favoritos era, sin duda, ¡el 2º puerta 3!
Y es que en el 2º puerta 3 vivía Paula. Y Paula tenía, (¡atención!) ¡¡¡el CinExin!!!


El CinExin era un artículo de lujo en nuestro barrio. Paula lo tenía. El CinExin y las dos películas que venían de regalo en la caja. Y hasta ahí. Porque una cosa es que los padres de Paula se estiraran y le compraran el superjuguete y otra que además le compraran películas de vez en cuando. No estaban los tiempos para semejantes extras.
Pero daba igual.
Aquéllas dos pelis, de un metraje de, segundo más, segundo menos, un minuto, dieron para mucho.
Porque lo de menos era ver a Goofy tropezar mil veces con la tabla de windsurf o a Mickey perder la caravana una vez y otra vez y otra vez... Lo guay era oír el ruidito de la manivela, enfocar a mano, desenfocar adrede, darle rápido rápido o muyyyyy leeeennnntooooo y ver como Paula empezaba a ponerse nerviosa
“¡que le des biennnnnnnnn!” “¡¡que me dejes darle a mí que es míooooooooooooo!!”
Y entonces, alguno
“¡¡¡¡¡nooooooooooooo que me toca a míiiiiiiiiiiii!!!!!”
y otros
“¡¡¡de eso naaaaadaaaaa que tú le diste el otro díaaaaaaaaaaa!!!”
y Paula, insistiendo sin ningún resultado satisfactorio para ella
“¡¡¡¡¡¡jjjjjjjjoooolíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin pero que es mííííííoooooooooooo!!!!!!”

El follón que formábamos era importante, sí señor. No es que estuviéramos en plan gafapastas en la filmoteca, no, ¡estábamos dándole caña al CinExin! Y eso conllevaba sus movidas y sus riesgos. Y era genial.

A tanto pasarlo bien también contribuía la madre de Paula, la señora Adela, que por resumir podría decirse que nos dejaba hacer en todo momento ¡lo que nos diera la realísima gana!. Sí, sin lugar a dudas, el 2º puerta 3 era como la autopista sin peaje de la diversión. Y en el ranking de madres con infinita paciencia, la señora Adela ocupaba los primeros puestos.
Incluso nos buscaba trapos, sábanas viejas, cuerdas... para hacer lo más parecido a una pantalla para proyectar, ya que aunque el interior de la propia caja del CinExin servía para ello, no era lo suficientemente grande para nuestras ansias de buen cine.
No hacía falta ser un lince para saber que lo divertido era acercar el proyector y verlo todo pequeñito pequeñito y con unos colores super intensos y después alejar y agrandar la imagen tanto como la habitación diera de sí. Y por mucha sábana que tuviéramos, acabábamos enfocando sobre la pared, lo cuál, dados los dibujos nada discretos del papel pintado, provocaba más de una imagen curiosa.
Pero hablando de superficies de proyección, ¡¡nada como el techo!!
La habitación de Paula tenía dos camas, y allí acabábamos todos tumbados, a mogollón, y viendo a la factoría Disney por las alturas, esquivando las tulipas de la lámpara.
Y era entonces, en medio de la oscuridad, cuando alguno ordenaba la acción más arriesgada que todo proyectista de CinExin debe llevar a cabo alguna vez en su vida:
”¡¡¡dale para atrás, dale para atrássss!!!”
y los demás, inconscientes, a coro
“¡¡¡¡sí, sí, para atrássss, rápido!!!!” “¡¡¡hacia atrás!!!” “¡¡¡hacia atrás!!!”
Y Paula, desesperada, sufriendo
“¡¡¡¡¡¡¡nooooooooooooooo!!!!” “¡¡¡¡¡que me lo váis a romperrrrrrrrrrr!!!!!!!”

¡Cuánto la hicimos rabiar! Pero éramos colegas y nunca llegó la sangre al río. Y siempre todos, también ella, por supuesto, lo pasamos genial con aquél maravilloso CinExin.


No sé si ahí empezó mi gusto por ver películas.
Lo que sí sé que empezó fue una especial querencia por aquella casa que nunca he dejado de visitar, por cada cuarto y cada rincón en dónde tan bien lo pasamos de críos todos juntos.
Y también empezó ahí, con el CinExin de por medio, la amistad con Paula, y el sentimiento que sigue, hoy en día, hacia todos sus hermanos.
Y desde luego empezó entonces el cariño profundo y para siempre hacia sus padres, que hicieron posible, entre otras muchas cosas, que un puñado de muy buenos recuerdos de nuestra infancia tuviera como escenario su casa, el 2º puerta 3.

 
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